Cuando el margen de lo que vendes ya está ajustado, lo que te cobran de más en la compra no se recupera por ningún otro lado.
Compras por temporada. Entre una campaña y la siguiente pasan meses, y los precios de la temporada anterior ya no los recuerda nadie. Una subida se acepta sin discutir simplemente porque no hay con qué compararla.
El precio por caja no es el precio por unidad. Si el proveedor cambia el formato del pack, el precio unitario cambia con él aunque el importe de la línea parezca el mismo de siempre.
Las devoluciones se olvidan. Producto defectuoso, mercancía que se devuelve, material que se cambia. Queda pendiente de abono y, si nadie lo persigue, se queda pendiente para siempre.
La factura junta varias entregas. Cuadrar a mano qué albaranes entran en la factura del mes, y si están todos los que deberían, es media tarde de trabajo que nadie tiene.
Cada albarán que recibes lo escaneas con el móvil en el momento de firmarlo. La app lee las líneas, las ordena por proveedor y las guarda con la fecha.
Cuando llega la factura de final de mes, compara: lo que te facturan contra lo que te entregaron de verdad. Si algo no llegó, si el precio no es el pactado o si falta un abono que te debían, aparece en la lista de cosas a reclamar — con el documento concreto.
Y con el tiempo tienes lo que ahora no tiene nadie: el histórico real de lo que has pagado por cada cosa, para negociar la próxima compra con datos en vez de con sensaciones.
No hay que pedirle nada al proveedor ni cambiar la forma de trabajar con él. Se escanean los mismos albaranes de papel que ya te deja al entregar.
Estamos en piloto con los primeros negocios. Si quieres ser de los primeros, déjanos tu correo.
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