En una ferretería el problema no es que te cobren de más una vez: es que tienes cientos de referencias y ninguna manera humana de comprobarlas todas.
Muchas referencias y de poco importe. Tornillería, fijaciones, consumibles, herramienta pequeña. Cada línea vale poco, y precisamente por eso nadie la revisa. La suma de todas al cabo del año no vale poco.
El precio de catálogo no es el precio que pagas. Trabajas con tarifas y descuentos por familia de producto, y lo que importa es el neto final. Comprobar si el neto que te han aplicado es el que tenías acordado, línea por línea, es un trabajo de despacho que no hace nadie.
Las condiciones cambian y no siempre te enteras. Un descuento que baja, una familia que cambia de tarifa, una promoción que se acaba. El cambio llega en el albarán, no en un aviso.
Los pedidos llegan a plazos. Lo que no había se sirve más tarde, o no se sirve. Cuando la factura junta varias entregas, comprobar que está todo lo que pagas deja de ser trivial.
Escaneas el albarán con el móvil y la app lee cada línea: referencia, cantidad y precio. Lo compara con la tarifa que le has dicho una vez que tienes con ese proveedor, y te avisa de lo que no cuadra — una subida que no habías pactado, una cantidad que no llegó, una línea que aparece facturada dos veces.
Cuando llega la factura de final de mes, ya tienes la lista de lo que te tienen que abonar, con el albarán y la línea concreta para poder enseñarla.
Y como todo queda guardado, puedes ver el mismo artículo en la tarifa de varios proveedores y saber quién te lo dejaba mejor — con el precio que has pagado de verdad, no con el del catálogo.
No hay que meter miles de referencias antes de empezar. La app va aprendiendo de los albaranes que escaneas: los productos que compras habitualmente aparecen solos, y son esos los que interesa vigilar.
Estamos en piloto con los primeros negocios. Si quieres ser de los primeros en usarla, déjanos tu correo.
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